Can Naiades: primer invierno en nuestra Passivhaus…calor, confort y facturas energéticas mínimas
Primer invierno en nuestra Passivhaus: La casa se ha sentido cálida, tranquila y tremendamente confortable durante todo el invierno.
Can Naiades: primer invierno en nuestra Passivhaus…calor, confort y facturas energéticas mínimas
Por Oliver Style, CEO de Praxis
He vivido en varios climas templados fríos a lo largo de los años – el Reino Unido, Suiza, el norte de Francia – lugares donde esperarías que el invierno se sintiera frío, como invierno que es. Pero, curiosamente, creo que nunca había sentido realmente el frío en casa tanto como cuando me mudé por primera vez a Barcelona en 2010 y me instalé en un piso en el casco histórico de la ciudad. No porque Barcelona sea especialmente fría. No lo es en absoluto. Sino porque muchas viviendas no están preparadas para el (¡afortunadamente!) corto invierno mediterráneo y — en el caso del piso al que me mudé — no contaban con “lujos” como calefacción central.
Así que, después de haber superado nuestro primer verano en Can Naiades — nuestra nueva Passivhaus — con nota, la siguiente gran pregunta era: ¿cómo sería el invierno?, ¿La casa mantendría el calor? ¿Coincidiría el consumo energético real con el modelo PHPP? ¿Seguirían rindiendo los paneles fotovoltaicos y la batería en la época del año en que la generación solar es más baja y la demanda energética más alta? Veamos…


Calentitos y a gusto
La versión corta es: ha sido absolutamente maravilloso.
La casa se ha sentido cálida, tranquila y tremendamente confortable durante todo el invierno. No “cálida” en ese sentido ligeramente agresivo que se obtiene cuando un radiador está funcionando a tope en una esquina de la habitación mientras sigues con los pies fríos. Sino simplemente cálida de forma uniforme, silenciosa y constante.
Las temperaturas han sido estables y homogéneas en toda la vivienda, sin puntos fríos perceptibles, sin corrientes de aire y sin aire frío entrando por ventanas, puertas o encuentros. Puede parecer un detalle menor, pero cuando has vivido en varios edificios con infiltraciones, la ausencia de incomodidad se convierte en un lujo.
También hay algo muy particular en la calidad del aire en una Passivhaus en invierno. Como la vivienda es hermética y está ventilada continuamente con recuperación de calor, no dependemos de infiltraciones aleatorias a través de grietas para tener aire “fresco”. El sistema de ventilación simplemente cumple su función: extrae el aire viciado y húmedo de la cocina y los baños, suministra aire fresco filtrado a los dormitorios, el despacho y las zonas de estar, y recupera el calor del aire de extracción en el proceso.
El resultado es una casa que se percibe fresca sin sentirse fría. ¡Ése es el truco de magia!
Y luego está la otra gran ventaja: sin moho y sin condensaciones. Nada. Cero.
Esta es la primera vivienda en la que he vivido, en Cataluña, en la que el invierno no ha significado una combinación de marcos de ventanas húmedos, condensación en los vidrios, rincones sospechosamente oscuros o la ocasional sorpresa desagradable detrás de un armario. En viviendas anteriores, la condensación y el moho eran algo que tocaba gestionar: ventilar más, calentar más, limpiar, repintar, separar los muebles de la pared, y prácticamente, cruzar los dedos.
Aquí, simplemente no ha ocurrido y no es casualidad. Temperaturas superficiales interiores elevadas, buen aislamiento, reducción de puentes térmicos, hermeticidad al aire y ventilación mecánica continua funcionan conjuntamente. En la práctica, la experiencia es maravillosamente aburrida: las superficies permanecen cálidas, la humedad interior está controlada, el aire se mantiene fresco y no crecen hongos en ningún lugar.
¡Fantástico!
Los números
Por supuesto, el confort es lo más importante. Los edificios son para las personas, no para hojas de cálculo. Pero los números también importan — especialmente si queremos demostrar que los edificios de baja demanda energética y alto confort funcionan no solo en teoría, sino en la vida real, con familias reales, clima real, cocina real, duchas reales, lavadoras reales y la vida, en general, poniéndose de por medio.
Entonces, ¿cómo ha funcionado Can Naiades?
Muy bien. Durante el periodo de invierno, el consumo energético total medido de la vivienda fue solo un 3% superior a los valores previstos por el modelo energético PHPP. Es un resultado bastante notable, teniendo en cuenta que el PHPP es una herramienta de diseño y la vida real es…bueno…real…y difícilmente predecible.
Siempre hay diferencias entre la modelización y el comportamiento real: hábitos de los ocupantes, temperaturas de consigna, uso de electrodomésticos, consumo de agua caliente, variaciones climáticas, puesta en marcha, controles, y el millón de pequeñas cosas que ocurren una vez que un edificio está ocupado. Así que estar dentro de un 3% del valor previsto es una muy buena señal de que las hipótesis de diseño, la calidad constructiva y los sistemas instalados están funcionando, en líneas generales, como se esperaba. Mejor aún, a pesar de que el invierno es la peor época del año para la generación solar — días más cortos, menor altura solar, mayor nubosidad y consumo de energía en casa — seguimos siendo autosuficientes en un 68% entre noviembre y febrero, utilizando electricidad generada por nuestros paneles fotovoltaicos y almacenada en la batería. Esto cambia realmente tu relación con la energía. Te vuelves mucho más consciente de cuándo brilla el sol, de cuándo la batería está llena, de cuándo tiene sentido poner la lavadora, y de lo poca energía que necesita realmente la casa para mantenerse confortable. No se trata de vivir con menos confort, al revés, se trata de obtener más confort con mucha menos energía.
Comparado con nuestro anterior piso, la diferencia es contundente. Este invierno gastamos un 79% menos en facturas energéticas y utilizamos un 93% menos de energía, y comparo una casa unifamiliar aislada con un piso en un edificio plurifamiliar con 20 años de antigüedad.
¡Un 93% menos de energía!
Ese número todavía me sorprende y me hace detener y mirarlo dos veces. Porque esta no es una casa más pequeña, más fría o más incómoda. Es todo lo contrario: es más grande, más cálida, más saludable, más silenciosa y más confortable. No estamos ahorrando energía a costa de incomodidad. Ahorramos energía porque la envolvente del edificio hace la mayor parte del trabajo antes de que los sistemas mecánicos tengan que intervenir.
Ese, para mí, es el punto clave.
La casa no necesita mucha calefacción porque no pierde mucho calor y porque el sol aporta la mayor parte de la calefacción. Las ventanas no están frías porque son de altas prestaciones y están correctamente instaladas. El aire no se percibe viciado porque el sistema de ventilación lo renueva continuamente. La temperatura interior no oscila constantemente porque la envolvente está bien aislada, es hermética y ha sido cuidadosamente diseñada. Las instalaciones pueden ser sencillas porque la demanda es pequeña.
En realidad, es todo bastante anodino. Y así es exactamente como debería ser.



El mejor kWh…
Después de nuestro primer verano, escribí que vivir en una Passivhaus durante una ola de calor mediterránea era como un sueño hecho realidad. Después de nuestro primer invierno, diría exactamente lo mismo — solo que con un jersey que realmente no necesitaba.
Can Naiades ha sido cálida, fresca, seca y confortable, utilizando una cantidad mínima de energía. El modelo PHPP ha demostrado estar muy cerca de la realidad medida. La fotovoltaica y la batería de almacenaje han proporcionado un nivel sorprendentemente alto de autosuficiencia, incluso en invierno. Y nuestras facturas energéticas han bajado drásticamente en comparación con nuestra vivienda anterior.
Pero más allá de la satisfacción técnica, hay una reflexión más amplia.
A menudo hablamos de energía en términos de producción: más renovables, más generación, más infraestructura, más suministro. Y, por supuesto, necesitamos todo eso. Pero vivir en esta casa es un recordatorio diario de que el mejor kWh sigue siendo el que no se consume.
Esa verdad resuena cada vez que estalla una nueva guerra, cuando una crisis geopolítica dispara los precios de la energía, o cuando otra familia tiene que elegir entre calentar su vivienda adecuadamente o pagar el resto de las facturas.
Reducir la demanda no es aburrido. Es resiliencia. Es confort. Es acción climática. Es protección frente a la volatilidad de los precios de la energía. Y, en el nivel más básico, significa vivir en una vivienda en la que se está bien, de verdad.
Después de un verano y un invierno en Can Naiades, puedo confirmarlo: la Passivhaus funciona. Y funciona de maravilla.
Consulta nuestros artículos anteriores sobre el proyecto:
- Can Naiades: 15 pasos hacia un hogar confortable, saludable, resiliente y Eficiente
- Can Naiades: primer verano en nuestra Passivhaus…Confort, fresquito y ahorro energético
- Can Naiades: rendimiento real de una unidad de ventilación mecánica con recuperación de calor y humedad













































































